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¿Nos salvará la tecnología del futuro o condenará a nuestra especie?

ByJuan de los Santos

Oct 13, 2022

El aumento de las capacidades del cuerpo humano, los viajes a Marte o la Luna, la automatización del trabajo, la lucha contra el cambio climático… La innovación de las próximas décadas será decisiva para nuestro planeta y nuestro modo de vida. ¿El veredicto de Olivier L. de Weck, profesor de Astronáutica y gurú de la planificación tecnológica? Optimismo prudente

Crecer en los Alpes, cerca de las estrellas, hizo a Olivier L. de Weck (Berna, 1968) concebir el sueño de ser piloto de guerra. Se lo impidieron sus carencias visuales, pero ha volado mucho y alto. Como no pudo pilotar, se hizo ingeniero Industrial y trabajó como tal en la fuerza aérea suiza antes de convertirse en responsable de un proyecto de 20 millones de dólares en McDonell Douglas: del desarrollo de buena parte de los sistemas del caza F18.

Desde 2001 es profesor del Programa Apolo del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica y del Instituto para los Datos, los Sistemas y la Sociedad, ambos pertenecientes al Instituto Tecnológico de Massachusets (MIT, por sus siglas en inglés). Su especialidad es prever la evolución futura de sistemas complejos como los aviones, los coches, las impresoras, las infraestructuras críticas… De hecho, ejerció dos años (2016- 2018) como vicepresidente senior de Planificación Tecnológica en Airbus. Una experiencia que acaba de recoger en el libro Technology Roadmapping and Development: A Quantitative Approach to the Management of Technology (Springer).

Ver el futuro de la innovación es ver el futuro de la especie humana, los desafíos para su supervivencia y las posibles soluciones, un tema que analizó hace unos días en una charla organizada por Banco Santander como parte de su programa X Innovation Xperts, de cuyo Consejo Asesor es miembro. ¿Nos dejarán las máquinas sin trabajo? ¿Viviremos en marte? ¿Cuánto aumentarán las capacidades humanas como consecuencia de la ingeniería genética y de los implantes tecnológicos en nuestro cuerpo? ¿Frenaremos las consecuencias del calentamiento global? El veredicto de De Weck: optimismo prudente.

¿Se puede predecir la evolución futura de la tecnología?
En mi libro digo que la planificación tecnológica es diferente de la predicción tecnológica. La tecnología no es como el clima, que progresa automáticamente, sino gracias a la intervención humana, y no es algo que haya estado produciéndose sólo los últimos 10 o 100 años, sino miles de años, desde que los homo sapiens empezamos a ser diferentes de nuestros primos. No creo que sea verdad eso que dicen de que la tecnología está avanzando mucho más rápido que nunca antes en la historia. Si te fijas en avances concretos como la máquina de vapor, tiene 300 años de historia y la consideramos bastante obsoleta, pero todavía hay muchas operativas. Además, unas tecnologías crecen más rápido que otras. Las tecnologías de la información, entre un 20 y un 50% al año y las relacionadas con la materia y la energía, un 5% al año.
¿En qué campos prevé que haya mayor disrupción tecnológica en los próximos años?
Veo tres grandes tendencias. La primera es la robotización, la automatización y la inteligencia artificial. Las tareas más rutinarias y predecibles las irán asumiendo las máquinas, y la escasez de personal ahora mismo en la industria lo va a acelerar. Siempre habrá personas en esas tareas, pero las máquinas asistirán a los humanos, tanto en cuestiones físicas como mentales. La segunda tendencia es la modificación y la potenciación del cuerpo humano con tecnología física y química, así como con ingeniería genética. La gente ve los ciborgs como algo del futuro, pero los humanos ya somos ciborgs: las gafas, la cirugía ocular, los marcapasos, las prótesis de cadera y de rodilla… La única cuestión es si son permanentes o se pueden retirar, si los seguros médicos las pagarán y quién se las podrá permitir. Una tercera tendencia tiene que ver con la sostenibilidad. El reciclaje y la vuelta a la naturaleza y el aprendizaje de ella, la descarbonización de la economía…

¿Deberíamos ser optimistas sobre el impacto que tendrán esas tecnologías para el futuro de nuestra especie?
Sí, yo diría que prudentemente optimistas. Es cierto que casi todas las tecnologías creadas por la humanidad han tenido efectos colaterales una vez que se han escalado y han empezado a ser usadas por millones de personas: accidentes como consecuencia de la implantación del transporte aéreo; grandes emisiones de CO2 y atascos en las ciudades por el tráfico rodado… Sin embargo, también somos muy adaptativos como sociedad y hemos desarrollado coches eléctricos para reducir las emisiones y herramientas como Uber y zonas restringidas a la circulación para combatir la congestión del tráfico. Parece que tenemos la habilidad para corregir nuestros errores y revertir el lado negativo de la tecnología. En todo caso, pese a mi optimismo, no estoy seguro al 100% de que la tecnología no vaya a destruir a nuestra especie, pero espero que seamos lo bastante inteligentes para evitarlo.

¿Qué papel van a tener la ética o la equidad en las tendencias tecnológicas que comentaba?
La inequidad en el acceso a la tecnología no es nueva. Hacia 1900, sólo un puñado de ricos tenía coches o podía viajar en barcos de vapor. Cuando se lanza una nueva tecnología, suele ser más cara y exclusiva, pero una vez que se desarrolla y se escala su producción, los costes por unidad bajan y cada vez más gente puede permitírsela. Y eso va a seguir ocurriendo. En cuanto a la ética, el debate se centrará durante las próximas décadas y los próximos siglos en la ingeniería genética: se suele dar en la visión ética de la tecnología la percepción de que si se utiliza para curar enfermedades o reducir la mortalidad, no hay problema, pero si se usa para mejorar las capacidades físicas de la especie humana por encima del estándar, entonces no es aceptable. Pero lo cierto es que no está claro cuál es ese estándar, es diferente para cada uno de nosotros.
¿Cuánto debe preocuparnos la automatización y robotización del trabajo humano?
No creo que vayamos hacia un futuro sin trabajo. Se lleva hablando de ello al menos dos décadas. Solíamos ser tradicionalmente cazadores y recolectores, después nos fuimos convirtiendo en una sociedad agrícola, industrial, de la información… Sí, puede que vayan a desaparecer millones de puestos de trabajo que hoy en día realizan personas, pero también van a aparecer millones de puestos nuevos que no existían. Muchos tendrán que ver con programar las máquinas, mantenerlas, gestionarlas…
¿Qué debería hacer un país como España para no perder el tren tecnológico del futuro?
Cuando trabajaba en Airbus fui en varias ocasiones a la sede de Getafe y siempre me impresionó mucho que las operaciones en España son más reducidas que en Francia o Alemania, pero cuentan con muchos programas de alto valor. También que era la sede de Airbus con más mujeres ingenieras y en cargos de gestión. Si yo fuera ministro de Economía o de Innovación de España, invertiría mucho en ciertas industrias en las que tenéis una cierta ventaja. Por supuesto, una es el turismo de baja huella de carbono. España podría ser un país pionero en el desarrollo de turismo medioambientalmente seguro. Otro ejemplo es la desalinización: cada vez estamos más seguros de que el agua que bebemos tendrá que venir de la desalinización y tendrá que transportarse hasta las zonas interiores, porque el clima está cambiando, hay menos precipitaciones y las reservas de los acuíferos están descendiendo rápidamente. Otra área podría ser la agricultura. La tecnología agroalimentaria española está entre las mejores y más eficientes del mundo, lo que le permitiría ser un referente en la producción de comida rica y saludable, pero también medioambientalmente segura en un mundo con temperaturas muy altas y mucha escasez de agua. Por supuesto, también en energías renovables… Eso sí, todo esto requiere invertir mucho en el sistema educativo.

Hablando de inversiones… ¿por qué invertir en la exploración del espacio con la cantidad de problemas que tenemos ahora mismo en la Tierra?
En lo más alto de la lista colocaría la observación de la tierra mediante satélites, porque mirar a la piel de un paciente nos revela mucho sobre su salud interna. Por supuesto, las misiones espaciales también hacen posibles sistemas de navegación como GPS, Galileo, Glonass… Se hacen muchos menos kilómetros inútiles gracias a ellos y eso reduce las emisiones de CO2. Además la posibilidad de establecer asentamientos en la Luna y en Marte te obliga a pensar cómo garantizar la provisión de agua, alimentos y el resto de cosas que hemos dicho que serán escasas en la Tierra, pero en un entorno cerrado y muy hostil. Buena parte de ese aprendizaje se puede aplicar después a resolver ese mismo problema en la Tierra.
¿En qué horizonte veremos asentamientos humanos fuera de la Tierra?
Eso requerirá más tiempo de lo que mucha gente cree. Primero hay que llegar allí, y para ello necesitamos cohetes asequibles y muy potentes como Starship, el que ha desarrollado la empresa de Elon Musk Space X, que va a tener su primer lanzamiento de prueba a finales de este año. Si tiene éxito, podría convertirse en la Santa María de los asentamientos humanos fuera de la Tierra. Una vez llegas allí, tienes que permanecer vivo, y para ello tienes que resolver qué y dónde construyes. En mi grupo de investigación creemos que lo más adecuado es excavar un sistema de túneles, porque te permitirá obtener protección natural de la radiación. El tercer problema es la logística necesaria para el reabastecimiento regular desde la Tierra. Si somos capaces de resolver estos tres problemas, debería ser posible crear una presencia humana permanente en la Luna, Marte o ambas. Y una vez que eso ocurra, las reglas del juego cambiarán.